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El ICEX aconseja incorporar a israel como socio tecnológico

Con la vieja premisa de “si no puedes con ellos unete a ellos” los responsables de la representación de España en Israel, llegan a la conclusión de que “es muy recomendable que España incorpore a Israel como socio tecnológico si quiere situarse en un lugar de preferencia en el panorama internacional”. Este es el consejo que los expertos del ICEX dan en su informe de agosto sobre “El sistema de innovación tecnológica en España e Israel”.

En el informe se destaca que “en lo que ha España se refiere, existen algunas colaboraciones entre universidades, mayoritariamente de manera informal y sin estar adheridos a ningún programa específico” y recuerda que “en el marco institucional, en los últimos años, se han firmado acuerdos de colaboración para fomentar las colaboraciones, pero la falta de inversión económica dificulta que aparezcan proyectos concretos de colaboración entre España e Israel”.

El estudio, que ha sido realizado bajo la supervisión de la Oficina Económica y Comercial de la Embajada de España en Tel Aviv, apunta también que ” a pesar de los esfuerzos realizados en los últimos tiempos, [persisten] claras deficiencias de un sistema de innovación que todavía dista mucho de ser parte de la cultura empresarial española.

En lo que se refiere a Israel, el informe, cuya elaboración ha sido realizada directamente por Juan Luis Lechón Hernández, apunta cuatro motivos principales: “el proyecto de país tecnológico; la fuerte base académica; la practicidad dentro del terreno de la investigación y la propia personalidad de los israelíes”.

Sobre el primero de ellos, el informe señala que “todos los actores están implicados en el modelo económico a seguir. De tal manera que el gobierno no escatima esfuerzos en promover la innovación en todos los sectores posibles e implicar a la sociedad en el proyecto de “país tecnológico”.

En relación al nivel educativo, el informe del ICEX considera que existe una “fuerte base académica, especialmente en cuanto a las Universidades y centros de investigación se refiere. En la cultura judía el estudio tiene una gran importancia, de tal forma que se inculca desde temprana edad el hábito de estudio como forma de vida”.

Pero, uno de los aspectos más esclarecedores que pone de relevancia el informe para explicar el éxito del modelo tecnológico y de innovación de Israel es doble: “Por una parte, los políticos en Israel normalmente provienen del sector empresarial, lo que implica que conocen perfectamente los problemas reales que posee la industria, lo que facilita la dirección de sus acciones. Por otra parte, la practicidad dentro del terreno de la investigación es fundamental para que los avances tecnológicos se conviertan en productos y servicios comercializables, es decir, que el mundo científico o académico esté conectado al tejido industrial y se produzca entre ellos la tan necesaria transferencia de tecnología”.

Finalmente, los redactores del informe señalan un factor netamente cultural, como es la propia “personalidad de los israelíes”. En este sentido, apuntan que su carácter “les permite ser muy críticos y cuestionar contínuamente desde las cosas más elementales hasta otras más importantes”. De hecho, citan la esencia del mismo en lo que llaman ‘Jutzpa’, una especie de “descaro y arrogancia que, junto con un instinto especial que genera gran autoconfianza”, les permite “dejar de lado las buenas palabras para ir directamente al fondo” de las cuestiones.

Pero más allá de estas consideraciones, más o menos culturales, más o menos generalistas y más o menos subjetivas, el informe apunta algunos instrumentos que conectan el mundo del estudio y el análisis con el más práctico de los mercados de consumo. En ese eje el informe considera que “las relaciones entre la Academia y la empresa han estado siempre presentes en las instituciones del país. Las universidades cuentan con empresas (…) que gestionan todas las actividades relacionadas con la protección y comercialización de sus descubrimientos e investigaciones (…) conocidas como TTOs, Technology Transfer Organitations”.

En estas instituciones, de las que cada universidad tiene las suyas propias, “existe una gran colaboración entre estos centros de investigación y las empresas en diversos proyectos que abarcan desde el laboratorio a la comercialización. Las denominadas TTOs trabajan en éste campo, en el ámbito universitario, en hospitales, y en la utilización de herramientas militares y en aplicaciones médicas”.

“Las TTOs universitarias se dedican principalmente al proceso de lanzar al mercado proyectos de investigación en una fase muy avanzada. Existen numerosos casos de éxito que tienen su origen en este tipo colaboraciones. Un ejemplo es el esfuerzo conjunto entre las empresas Teva [la mayor empresa del mundo especializada en medicamentos genéricos y que tiene una fuerte presencia en España] y Hadassit (TTO de la Universidad Médica de Hadassah) para articular modelos de cooperación entre investigadores y compañías farmacéuticas, participar en experimentos clínicos, y lanzarse a la comercialización de los productos”.

El funcionamiento de estas TTOs es bastante simple, su papel consiste en hacer crecer las investigaciones y orientar los estudios hacia la parte más práctica, por lo que sus resultados son espectaculares. De hecho, “en 2007 se fundó la Israel Tech Transfer Organitation (ITTN), organismo que agrupa a las TTOs del país. En su página web (www.ittn.org.il), se muestran, alrededor de 1.000 proyectos patentados que se encuentran en avanzado estado de maduración esperando inversores”.

Pero con estos nexos de unión entre ciencia y mercado, entre investigación y resultados económicos, no se agota el modelo tecnológico israelí. En un ámbito un poco más alejado de la sociedad civil, conviene señalar dos instrumentos fundamentales: “el OCS, Office of the Chief Science y MATIMOP, Israeli Industry Center for R&D, dentro del Ministerio de Industria, Comercio y Trabajo, que fomentan y apoyan la investigación y el desarrollo, y contribuyen a través de un amplio número de programas a poner a disposición de las empresas israelíes y extranjeras la financiación de sus necesidades de capital para I+D, lo que puede llevar a cubrir un alto porcentaje de los proyectos que apuestan por las tecnologías más innovadoras”.

En relación al modelo de “país tecnológico”, el informe destaca también el ” NCRD, Consejo Nacional de Investigación y Desarrollo de Israel, ahora dependiente del Ministerio de Ciencia y Tecnología y que es un organismo que ha crecido junto con el propio país y es uno de los responsables de direccionar la economía hacia el modelo de crecimiento actual involucrando a todos los agentes posibles: Sociedad, Universidad, empresa, instituciones públicas, el propio gobierno y el entorno internacional”.

De estas instituciones, la que se muestra más activa es la Oficina del Jefe Científico (OCS), a cuyo frente se encuentra Eli Opper, ingeniero eléctrico y doctorado en ingeniería informática, que es responsable de la aplicación de las políticas del gobierno respecto al apoyo y fomento de la investigación y desarrollo industrial en Israel. Su principal misión consiste en fomentar el empresariado tecnológico, promover la investigación y desarrollo de alto valor añadido, aumentar la base de conocimiento de la alta tecnología e impulsar la cooperación en investigación y desarrollo tanto a escala nacional como internacional”.

La OCS tiene en marcha diversos programas, entre los que cabe destacar el de las ‘viveros de empresas’. De hecho, en la actualidad, existen más de 27 incubadoras tecnológicas cada una de las cuales acoge unos 10 proyectos por año, lo que permite el nacimiento de 200 empresas cada año, a las que provee de diversos servicios como de desarrollo legal, administrativo y de desarrollo. Además dota a las empresas de fondos de aproximadamente 350.000 euros durante los 2-3 primeros años, cuando el riesgo es más alto y la necesidad de capital mayor. La incubadora que participe en este programa debe ser una empresa privada, que participa en el consejo de dirección de los proyectos acogidos. El 50% de los recursos económicos son aportados por el OCS y 50% restante son fondos privados que pueden combinar fondos tanto de la incubadora que lo acoge como fondos propios de la ‘start up’, banca, etcétera”.

Todo este sistema de funcionamiento interno de Israel tiene su proyección externa gracias a Matimop, que es un organismo que sirve “para la ejecución de una parte de los programas internacionales que dependen de la OCS”.

Redacción (Sheva), 7 de septiembre de 2010